La nota dice que por una jornada de protesta de la Asociación Bancaria habrá restricciones en los servicios habituales de los bancos. Además, habrá "movilización de cada seccional, asambleas e interrupción a la atención al público", señaló un comunicado del gremio. Esto significa que se atenderá al público pero los trabajadores podrán entrar en cualquier momento en asamblea y suspender los servicios, aunque no permanentemente, situación que podrá variar de acuerdo a la seccional.
Hoy me costó bastante cubrir el trecho habitual para llegar a mi oficina. Un inconveniente habitual que no solo mido en tiempo sino, también, por esa suerte de “rigor mortis” que me invade al bajarme del auto en la cochera. Entre las obras de prolongación de la línea E de subterráneos en las inmediaciones de Plaza San Martín y Retiro, que convulsionan el tránsito vehicular sobre las avenidas Del Libertador y Leandro N. Alem, las protestas de estudiantes en diversos colegios secundarios de la Capital y estas estrenadas y repentinas manifestaciones del gremio de empleados bancarios, la cosa daba para un infarto al volante, por no mencionar el estado cataléptico de la mayoría de los conductores porteños. Todo ese paquete en mano, y de regalo la agitación de Leah, manifestando que no puede ser que todos los días llegue demorada a su oficina.
Si bien me toca bajar de un auto sumamente confortable para la conducción, luego de este via crucis parezco Hannibal Lecter atado y con bozal en ese carrito en el que lo transportaba su custodia y lo único que deseo es llegar, sentarme al sillón, conectarme al mundo y emprender la tarea cotidiana previo café, obviamente. Grande entonces fue mi sorpresa, y decepción, cuando al abrir las ventanas escuché lo que salía de un altavoz: “Bancarios, bancarios!... No aflojemos!... El 16 de setiembre paro bancario!... Paro porque no respetan a los bancarios!... Banqueros!!!... Basta de hipocresías!... 16 de setiembre paro bancario!” Mientras tanto, de fondo, sonaba un conocido tema del rock nacional. La fiesta era protagonizada por una veintena de ellos, los bancarios, que habían decidido darse a la protesta cortando la calle. Y ahí estuvieron, retirándose al término de una hora, seguramente por les tocaba el almuerzo.
La humanidad, desde que es tal, no se ha detenido en reclamar aquéllo que por derecho le corresponde, lo que está bien si no fuera por esta metodología caótica y molesta que, más allá de estar dirigida a los banqueros o al Gobierno de la ciudad, como en el caso de las protestas estudiantiles por el estado de los colegios, mortifica, exaspera y frustra hasta los muertos.
Cuando yo iba al colegio, los bancarios eran tipos respetados y sus servicios eran bien retribuidos. Nosotros estudiamos y nos recibimos en aulas añosas, frías y oscuras cual claustros de clausura en invierno. Y qué crueles inviernos eran. Hoy los bancarios no están conformes, cuestión que a la hora de mirar el bolsillo es común a muchos trabajadores de otros gremios; y los estudiantes de los colegios manifiestan que en estas condiciones, dado el calamitoso estado de algunos edificios, no se puede estudiar.
Qué bueno!... Habiendo pasado por las mismas circunstancias, y considerando que hay cuestiones más prioritarias, me pregunto si no estaré fuera de foco o me estoy poniendo viejo e intolerante. Vayan a trabajar!

